Salud mental en la adolescencia: problemas habituales y señales de alarma

Comparte en

La adolescencia es una etapa llena de cambios físicos, emocionales y sociales. Es normal que haya altibajos, dudas o momentos de más intensidad, pero también es importante prestar atención cuando el malestar se mantiene en el tiempo o empieza a afectar al día a día.

Por eso, hablar de salud mental en adolescentes es cada vez más necesario, tanto en casa como en el entorno educativo y sanitario. A veces, ciertas señales pueden confundirse con cambios propios de la edad, pero cuando una situación se alarga o interfiere en la rutina, puede ser necesario buscar orientación profesional.

En este artículo de Seguros Atocha repasamos qué factores pueden influir en el bienestar durante la adolescencia, qué señales conviene tener en cuenta y cómo un seguro privado de salud puede ayudar a las familias a cuidar la salud general de sus hijos.

PROBLEMAS MÁS HABITUALES DE SALUD MENTAL EN ADOLESCENTES

Durante la adolescencia, los jóvenes viven una etapa de cambios constantes. Cambia su cuerpo, su forma de relacionarse, su manera de verse a sí mismos y también la forma en la que gestionan lo que sienten. Por eso, cuidar la salud mental en esta etapa es fundamental para favorecer un buen bienestar emocional.

No todos los cambios de ánimo o de conducta significan que exista un problema grave. Sin embargo, cuando el malestar se mantiene en el tiempo, aparecen dificultades para seguir con la rutina o se detectan señales que preocupan a la familia, conviene prestar atención.

Entre los problemas más habituales pueden aparecer la ansiedad, la depresión, el TDAH, los problemas derivados de un trauma o diferentes trastornos mentales. En algunos casos, también puede ser necesaria la valoración de especialidades como la neuropsiquiatría, especialmente cuando existen dificultades relacionadas con la conducta, el desarrollo o el aprendizaje.

Además, factores como la presión académica, las relaciones sociales, el uso de Internet y las nuevas tecnologías pueden influir en cómo se siente un adolescente y en la forma en la que se relaciona con su entorno. Hablar de estos temas no significa etiquetar ni dramatizar, sino entender que pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia.

SEÑALES QUE PUEDEN INDICAR QUE UN ADOLESCENTE NECESITA AYUDA

Cada adolescente vive esta etapa de una forma distinta, por eso no siempre es fácil distinguir entre un cambio puntual y una señal de alerta. Aun así, cuando ciertas conductas se mantienen en el tiempo, se intensifican o afectan a su vida diaria, conviene prestar atención y buscar orientación profesional.

Algunas señales que pueden indicar que algo no va bien son:

  • Cambios bruscos de ánimo, irritabilidad constante o tristeza prolongada.
  • Aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba o dificultad para relacionarse.
  • Problemas de sueño, cansancio frecuente o falta de energía.
  • Bajada notable del rendimiento académico o dificultad para concentrarse.
  • Cambios importantes en la alimentación, la imagen corporal o la relación con la dieta.
  • Uso excesivo de Internet o redes sociales, especialmente si afecta al descanso, al estudio o a las relaciones personales.
  • Comentarios relacionados con hacerse daño, conductas de riesgo o posibles autolesiones.
  • Consumo de sustancias como alcohol o drogas, u otras conductas que puedan requerir orientación o tratamiento de adicciones.

Estas señales no siempre significan que exista un problema grave, pero sí pueden indicar que el adolescente necesita apoyo. En algunos casos, una primera valoración profesional puede ayudar a entender qué está ocurriendo y qué tipo de intervención puede ser más adecuada.

CÓMO ACTUAR ANTE UNA SITUACIÓN DE ALARMA

Cuando una familia detecta que algo puede estar ocurriendo, lo más importante es no minimizar la situación ni intentar resolverla solo con frases como “ya se le pasará”. A veces el malestar forma parte de un momento puntual, pero otras puede necesitar acompañamiento profesional.

El primer paso suele ser hablar con el adolescente desde la calma, sin presionar y sin convertir la conversación en un interrogatorio. Escuchar, validar lo que siente y mostrar disponibilidad puede ayudar a que se sienta más seguro para expresar lo que le preocupa. 

Si la situación se mantiene, conviene acudir a profesionales sanitarios. En muchos casos, la Atención Primaria puede ser una primera puerta de entrada para valorar qué ocurre y orientar a la familia hacia otros centros sanitarios o especialistas si es necesario. Según cada caso, puede recomendarse terapia, seguimiento médico o una intervención más específica.

En el entorno escolar, también puede ser útil conocer si existe algún recurso de apoyo, orientación o cobertura vinculada al seguro escolar, especialmente cuando la situación afecta al rendimiento, la convivencia o la asistencia a clase.

También es importante recordar que los medicamentos solo deben utilizarse cuando los pauta un profesional. En salud mental, cada situación requiere una valoración individual, especialmente si existen enfermedades mentales previas, discapacidad, problemas de conducta o cualquier circunstancia que pueda aumentar la vulnerabilidad del adolescente.

Pedir ayuda no significa exagerar el problema. Al contrario, puede ser una forma de actuar a tiempo, proteger al menor y acompañarle mejor durante una etapa especialmente sensible.

CÓMO PUEDE AYUDAR UN SEGURO PRIVADO DE SALUD

Ante una situación relacionada con el bienestar emocional de un adolescente, contar con un seguro de salud puede aportar tranquilidad a la familia. No sustituye la valoración de los profesionales ni evita que existan procesos que requieran seguimiento, pero puede facilitar el acceso a determinados servicios sanitarios según las coberturas contratadas. 

En el caso de Salud Plus, están cubiertas las consultas al médico, las pruebas diagnósticas y la hospitalización, incluida la hospitalización psiquiátrica, entre otras prestaciones. Además, todas nuestras modalidades incluyen acceso directo al Club Atocha, un club exclusivo de descuentos en infinidad de servicios, entre los que se incluyen centros de salud mental y psicólogos.

Además, cuando existen trastornos mentales, discapacidad o situaciones de discriminación, contar con orientación profesional puede ayudar a que la familia se sienta más acompañada y el adolescente reciba una atención más ajustada a sus necesidades. Cuidar la salud mental en esta etapa también implica fomentar hábitos cotidianos que favorezcan el bienestar, como el descanso, la actividad física, una alimentación equilibrada y espacios de relajación.

Solicitar más información

El campo marcado con * es obligatorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *